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18/11/10

Sabía elegir...

Entonces Dios les pidió a Caín y a Abel que le presentaran sus ofrendas, y Caín, pionero en la tierra y en las labores agricultoras, le presentó al Señor lo mejor de su huerta: cosechas abundantes, cuidadísimas, vigiladas de día bajo el sol y de noche bajo la estrella de la distancia, mientras Caín esperaba la ayuda de Dios con una refrescante lluvia. Por su parte, Abel, primer pastor, presentó a un borreguito que él mismo había criado como si hubiera sido su hijo: lo había calentado en sus brazos y alimentado con leche de sus cabras.

Dios primero volvió la vista a la ofrenda de Caín, y, al ver las cosechas sobre las aras, habló así:

-¿Pinches verduras? Ni que fuera yo indio... ya ni la chingas Caín, en serio ya ni la chingas... sé que es tu chamba, pero podías haberte elegido algo más sustancioso, ¿no?

Así habló el Señor antes de irse a la ofrenda de Abel, y al sentir el olor que surgía del borreguito asado, su voz tronante resonó:

-¡Eso es, a huevo! Una barbacoa... eso sí se antoja... pásense unas tortillas y una salsita... ah, ¿no saben qué es eso? Ahorita les digo... ¡pero así sí me gusta, chingá!

Pues por eso Caín se metió con Lilith, que no le hacía el feo a los vegetales porque andaba en la onda del vegetarianismo y lo orgánico... ya no supo si tuvieron hijos vampiros por lo macrobiótico.

20/7/09

Borregomancia

El chamán separó uno a uno los órganos del borrego abierto buscando señales que me hablaran de mi futuro. Al abrir el estómago del animal, encontró una pieza de ajedrez que se había tragado. Era el rey. “Fin de la partida, señor” dijo el chamán. “Deberá darse por vencido.” Cuando estiró la mano con el pequeño rey bañado de comida a medio digerir, me ganó el asco y vomité. “Entiendo su postura” comentó el brujo, “pero no tiene que explicarme de bulto.”

19/7/09

Enamoramiento

Idiotas. Eso parecen. Babeando el uno sobre el otro. No debería llamarse "enamoramiento", sino "apendejamiento", pues todo se les olvida, andan en las nubes y nada más no dan una, con ojos de borrego a medio morir y una canción bailándoles en los labios todo el santo día. Qué asco me dan. Parejitas felices. Y no, lo juro, no estoy celoso.